El AMOR en los tiempos del COVID

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El AMOR en los tiempos del COVID

Por Haydeé Castillo

Sin lugar a duda, el pensar y actuar del hombre tanto en lo individual como en lo social, es dinámico, cada época nos ha ido dejando huella, algunas han sido positivas y otras no tanto. Ante este hecho, cada uno tenemos la opción de verlo pasar como espectadores o de  profundizar y preguntarnos, ¿qué estoy haciendo al respecto? si respondemos desde la lógica del Espíritu, quizá encontremos por ahí la respuesta que nos ayude a que nuestro hoy y ahora sea mejor y deje en los que vienen detrás una herencia positiva.

Me parece que  estos meses de pandemia en los que hemos tenido que estar aislados y con muy poca actividad fuera de casa, nos han permitido pensar y preguntarnos muchas cosas sobre nuestros anhelos, nuestro futuro, y otras cuestiones que desde nuestro ser personal, inquieto y trascendente nos rondan en la cabeza.

No podemos negar el daño y consecuencias que esta desconocida enfermedad ha ido dejando en las personas, familias y sociedad, empezando por la pérdida de vidas que no son sólo estadística y comparativo de gráficas entre países que compiten por ver quién lo hace mejor, siguiendo por el dolor que la muerte y la enfermedad ha representado para muchas familias, algunas incluso que por falta de recursos no se han podido atender debidamente. La exigencia y el control de la pandemia nos ha obligado a alejarnos no sólo de nuestro trabajo y amigos, sino de nuestra familia, los más queridos, con los que compartimos la vida, un aislamiento que sólo al experimentarlo medimos lo que duele, sobre todo a los adultos mayores, hemos incluso llegado a escuchar frases desesperadas como, – pues si ya de todos modos me voy a morir, mejor los veo – Ya para acabar con esta triste realidad tenemos no sólo la ausencia de un gobierno solidario, sino la presencia de «Planes de contingencia» mal armados, sin ayudas reales y con actores que se benefician de ellos, muy lamentable.

Así el escenario, pero mi intención al escribir esto no es ponernos mal, al contrario, quiero apelar a la grandeza interior del hombre, con o sin coronavirus, con este u otro gobierno, incluso puedo decir con o sin salud (porque ahora mismo que escribo esto cuatro de mi familia incluyéndome tenemos COVID ) apelo a esa fuerza interior que no conoce fronteras, que tiene siempre esperanza y que cae y se levanta las veces que haga falta.

Sin importar la religión que profesamos, todas las personas hemos sido creadas con la única vocación de amar, el hombre no puede alcanzar todos sus anhelos en soledad, necesita para desplegar lo más grande de su persona, practicar el amor, entregarse, y con ello ir encontrando las respuestas a las preguntas existenciales que todos en algún momento nos hacemos.

Y por qué si estamos llamados a amar, lo hacemos a veces tan mal. En cada quién puede haber una respuesta diferente, nos limita a todos nuestra naturaleza humana, tenemos una tendencia al mal y nuestras capacidades nos guste o no son restringidas, no lo podemos todo. Pero ante ello, hay una buena noticia, tenemos también, la capacidad de conducirnos, de volver a empezar, de echar mano de todo lo que guardamos en nuestro centro más íntimo .

Resulta sorprendente ver , que a pesar de que somos los seres superiores de la naturaleza muchas veces no actuamos como tal, no desplegamos todas nuestras potencias; pensar cada quién en nuestro modo de amar, es el inicio de un camino a responder a lo que Juan Pablo II llamaba la lógica del Espíritu.  Para ir encontrando algunas luces en este caminar por el sendero del amor, podemos empezar por conocer qué es ser persona, saber que soy un espíritu encarnado en un cuerpo que comunica, que me acerca a los demás es un buen comienzo, debemos reconocer la dignidad del otro y también la propia, saber que mis relaciones son entre sujetos, tratarnos entre iguales, no permitirnos ser el objeto de otro, ni utilizar al prójimo  para nuestro beneficio, considerar todo esto, nos lleva a descubrir en los ojos de los demás un corazón que late, un futuro, esperanza, trascendencia y anhelos por cumplir, responder a la lógica del Espíritu es amar con todo mi ser, con inteligencia, voluntad, conciencia, sentimientos, con mi cuerpo  y con mi libertad, no hay otra mejor forma de amar que la que pone en juego la integralidad de mi persona.

Entre las redes sociales y las noticias, hemos sido testigos de que entre nosotros hay muchas personas que viven y aman con esta Lógica del Espíritu, que se dan sin importar recibir algo a cambio, que atienden enfermos, que ayudan a los mayores, que sostienen fundaciones benéficas, que dan despensas en la calle, que «Dan hasta que duele» y así muchas otras maneras que yo no llamaría de ayudar, sino de amar. Pienso que como personas tenemos ahora especialmente la oportunidad de sacar nuestra mejor versión, este duro reto nos pone en la posibilidad de salir de nosotros mismos, de sentir la fragilidad de nuestra existencia y de desplegarnos hacia lo que dura para siempre, hacia lo que llena el corazón, a lo que da sentido al cada día, a amar intensamente.

La invitación está abierta, «Amar y querer no es igual”, responder desde el corazón con la lógica del Espíritu está a tu alcance, tú decides…

«Ama y haz lo que quieras» Sn. Agustín