EL FEMINISMO QUE SIGO

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EL FEMINISMO QUE SIGO

Por Haydeé Castillo

El maltrato a la mujer es lamentablemente un tema que ha estado presente de manera constante en la historia del hombre, hoy no es una excepción, nos encontramos inmersos en una sociedad que grita libertad y apertura a todo, caracterizada por cambios constantes y exceso de información, llena de contrastes y desigualdad, en la que seguimos escuchando el grito aterrador de mujeres que siguen sufriendo al no ser respetadas, ¿qué pasa? me preguntaba ayer uno de mis hijos, ¿por qué está peor que antes? Me quedé pensando en las posibles respuestas y me parece que esta compleja pregunta puede encontrar en el amor un bálsamo y solución.

Hace ya algunos años, he seguido más de cerca a los movimientos feministas que hartos de la impunidad y metidos en la impotencia personal y social alzan la voz para defender a la mujer, para decir ni una más, cada vida vale. Con toda esa razón de fondo, he observado también que en algunas ocasiones no muy afortunadas se utilizan esos escenarios para montar ideas que no se adhieren a lo que originalmente defendía el feminismo, la igualdad y dignidad de la mujer.

El inicio de este movimiento se origina en 1791 con la «Declaración de los derechos de la mujer» para pedir que se reconozca el valor de la mujer en igual dignidad a la del hombre, a lo largo de la historia se dieron grandes pasos al respecto, la mujer se fue revalorando, participando en asuntos políticos, laborales y sociales, ya no se le consideraba únicamente en el contexto familiar. El efecto de este reconocimiento ha sido muy valioso, hoy por hoy, tenemos a verdaderos agentes de cambio femeninos, a líderes que influyen y tratan desde su ser personal femenino aportar y hacer un mundo mejor, una gran conquista que debemos aplaudir y no dar ni un paso atrás.

Los movimientos fueron avanzando, las ideas se fueron dividiendo y surgieron algunas protagonistas que abanderadas por su grupo fueron impugnando ideas propias, se fueron al extremo al considerar como indigno o denigrante el rol de la mujer como ama de casa y madre de familia, o el de poder decidir si seguir o no con la vida de un hijo que late en su vientre. Temas muy controversiales que podemos ubicar en lo más básico que es la propia naturaleza femenina en la que la maternidad está inserta por esencia.

Como mujer, madre, activista social y presente en el mundo laboral, puedo decir que valoro profundamente esas dos fases, la laboral y la de la maternidad, soy orgullosamente madre de cinco hijos y he tenido también oportunidades y logros de trabajo, pero en el fondo de mi ser reconozco que mi labor más importante, la que realmente me plenifica y en la que nadie podría sustituirme es en la de ser madre, formadora de personas, me siento orgullosa y sobre todo agradecida por la confianza que se me ha dado no de manejar una empresa o un capital, sino de dar vida, cuidar a personas indefensas, ayudarles a crecer, a ser autónomos y a que ellos busquen su felicidad, intento en mi día a día que este ciclo amoroso se repita en cada uno de los que me han sido confiados, en el escritorio hay muchas que pueden reemplazarme, inclusive ser mejores que yo, pero dentro de mi familia nadie. Para nada me considero ejemplar, pero sí orgullosa de serlo y con todas las ganas de hacerlo lo mejor posible.

Regresando al tema, otra idea que impulsan algunos de estos movimientos feministas ha ido más lejos, no es sólo defender a la mujer, sino atacar al hombre, y es ahí en donde esta lucha origina una rivalidad que afecta enormemente a cada uno y al tejido social, la complementariedad de varón y mujer queda en el olvido y los que fueron concebidos como compañeros de vida serán ahora rivales, «divide y vencerás» , un binomio que no falla. Es cobarde crecer a costa del otro, y por ahí vamos llegando al origen de esta violencia que vivimos en contra de las mujeres.

Vayamos ahora a analizar un poco la cabeza, el corazón y el mundo que rodea a los agresores, de dónde sale esa violencia, ¿qué origina su coraje?, ¿alguien les ha dicho te quiero?, ¿recibieron algún beso de su madre?, ¿respetaban a sus hermanas? Muy probablemente más de la mitad de las respuestas a estas preguntas sean negativas, es ahí, en la falta de familia y amor, en donde la agresión a la mujer encuentra alguna de sus respuestas. Si los agresores hubieran tenido una madre amorosa, un padre que las quisiera y respetara, un ambiente seguro en donde crecer y equivocarse, una caricia ante el fracaso, una reprimenda ante la desobediencia, la cosa sería diferente.

Uniendo estos tres elementos, la falta de orgullo de ser madre, la batalla de sexos y la falta de amor y familia, tenemos la mezcla perfecta para que se dé la que estamos viviendo, hombre y mujer conflictuados, sin proyecto común, familias sin amor,  sin promesa de permanencia, sin fidelidad ni compromiso, lo que defendemos en lo superficial está siendo atacado en su interior. Una persona sin familia se convierte en un ser vulnerable, se encuentra sólo en una realidad que lejos de prometer le aterra y en la que se va metiendo a ciegas sin un punto de partida ni llegada, y así cada una, muchos sin rumbo y alguno más atrevido que aprovecha su vulnerabilidad para irlas llevando a que sigan sus falsos ideales, se autodestruyan y afecten a los demás.

No pretendo agotar el tema, pero sí dar una idea de dónde puede estar el problema y hacernos conscientes de todos los desequilibrios personales y sociales que puede ocasionar el resquebrajamiento de la familia.

Entonces podemos ir concluyendo  que la solución no es del gobierno, ni de la impunidad, ni de usar o no minifaldas, ni de levantar pancartas o de gritar más fuerte, la solución es empezar desde el orígen, promover juntos a la familia como lo que es, como el lugar en donde nacemos, en donde nos quieren y nos formamos, en donde se nos prepara para la vida, para ser personas de bien, en donde hay un interés auténtico por cada uno, en donde se respeta al hombre y a la mujer por igual. Todo lo que hagamos por nuestra familia y por las de los demás hará que poco a poco este sea un mundo mejor y podamos todos ir por la calle con la confianza de estar rodeados por gente de bien y con buenas intenciones, suena como un sueño pero yo creo que sí es posible, nadie está fuera de este plan, todos tenemos padres y tenemos también a quién compartir nuestros sueños y anhelos.

¿Será que nos estamos convirtiendo en nuestros propios enemigos?

 

 

 

 

 

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