¿Eres un Espectador Indiferente o un Actor Involucrado?

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¿Eres un Espectador Indiferente o un Actor Involucrado?

Por Haydeé Castillo

 La lectura de esta frase en las noticias de hoy, ha desatado en mi cabeza pensamientos que quieren salir. “Michelle Bachelet denuncia los más graves retrocesos en los derechos humanos.” Hoy estamos viviendo el peor momento de la historia en cuanto a desigualdad y pobreza, según Naciones Unidas el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres, qué cruda y fuerte realidad.

 No encuentro la respuesta ideal a la pregunta de por qué está pasando esto pensaba con algo de inocencia, que la pandemia nos había hecho reflexionar en todo lo que tenemos de más, en que podemos vivir de una manera más sencilla, en que lo importante es como decía el principito, «invisible a los ojos»” ahora veo con tristeza que se nos está olvidando el miedo a la enfermedad, a la vulnerabilidad de nuestra vida y el sufrimiento del amigo intubado que peleó por vivir, hoy quizá nos volvemos a mirar al espejo pensando, ¡lo merezco todo!

 La indiferencia y el individualismo son sin duda algunas de las causas de esta brecha, el pensar sólo en nuestro bienestar nos sitúa en una especie de isla que nos aleja cada vez más de otras realidades, este mundo tan comunicado nos ha hecho impermeables al dolor ajeno, vemos el sufrimiento humano como noticia y somos capaces de apagar el celular sin que nuestro corazón se turbe tras haber leído de injusticias, o de personas que mueren por hambre.

 Quizá la respuesta a esta desigualdad sea generosidad, solidaridad, caridad, pero esto no lo va a solucionar ni el gobierno, ni la ONU, ni las ONG´s el mejor mañana lo puedes hacer tú, piensa en grande y camina lento, si ayudas a una mujer ayudas a una familia, si ayudas a un niño, ayudas a un futuro empresario, si formas a una persona cambias una vida, si proteges a una mujer embarazada, das vida y esperanza, cada pequeña cosa que hagas por alguien tiene una grandeza especial y lo que en ella siembres dará frutos a su vez para alguien más.

 El gran antídoto es el amor, hablar de amor, no es sólo hablar de pareja, es hablar de sentido de vida, de entrega, de voluntad, de desdoblar lo que tenemos dentro y compartirlo, de tocar un corazón que nos necesita, hablar de amor, es hablar de tiempo dado, de lágrimas compartidas, es hablar de tiempos de amigos y de familia, es escuchar más de una vez la misma historia, es paciencia, sencillez y oración, amar es como decía la Madre Teresa de Calcuta, dar hasta que duela.

 Si hoy en tu día sólo hay preocupaciones familiares, físicas o económicas, si te fijas de más en tu apariencia, en tu próximo viaje o en lo que sueñas comprar, asómate a la ventana, analiza las noticias, revisa estadísticas, entérate de cómo están los demás y ahora échate un clavado a tu corazón y revisa qué tienes dentro, qué tienes por compartir, cuáles son tus talentos, descubrirás que hay muchas caricias, sonrisas, minutos y consejos guardados que puedes repartir.

¡A darle!,  que este mundo es tuyo, nuestra casa común necesita familia, necesita amor, te necesita a ti.